Tras más de una semana sin escribir nada, aprovecho este
domingo lluvioso para ir a tomar un té
en un Tea Shop cerca de casa y escribir en mi portátil sentado en una
pequeña mesa en la terraza situada en el segundo piso. Como bien indica el
título de esta entrada, voy a escribir sobre el fin de semana anterior, en el
cuál fuimos de “viaje” a la costa de Oregón. Hacía tiempo que queríamos ir a la
costa, pero como nosotros no tenemos coche, hemos tenido que esperar hasta que
los padres de Hannah tuvieran un fin de semana libre, para así visitarnos y
llevarnos de viaje. Como muchos de vosotros sabéis, cuando los hijos se marchan
de casa para estudiar, cuando los padres les visitan, normalmente les traen un
montón de comida. En este caso, los padres de Hannah nos trajeron una docena de
donuts orgánicos y 3 barras de pan (hechos por la empresa del padre de Hannah),
4 trozos de salmón (el cual fue pescado por Matt, el hermano de Hannah), pesto
verde casero, mermelada casera y un par de cosas más.
Tras pasar la noche en casa, nos levantamos pronto,
desayunamos y empezamos el viaje a la costa. Tras hora y media de viaje en
coche, llegamos a un pueblecito situado en la costa del océano Pacífico, así
que aparcamos y vamos a dar un paseo por la playa, que para mi sorpresa es
enorme. Bueno, quizás no sea enorme, pero estando yo acostumbrado a las calas
pequeñas de Menorca, cuando me encuentro con una playa tan larga y ancha me
sorprende, aunque he de decir que dicha playa debía ser de 4 kilómetros o más.
Creo que todavía no lo he mencionado, pero las playas de Oregón no se parecen
mucho a las del mar Mediterráneo, ya que al estar bastante más al Norte y situada
en el Océano Pacífico, el tiempo no suele ser tan soleado y definitivamente
hace mucho más viento. Una vez en la playa, no puedo resistir la tentación de
quitarme los zapatos y sentir esa maravillosa sensación cuando tus pies tocan
la arena. Tampoco puedo evitar dirigirme hacía el Pacífico y tocarlo con mis
pies, para darme cuenta que el agua está muy fría. Ahora entiendo porque la
gente no suele nadar en estas costas, pero puedes ver que la gente aprovecha el
viento y las olas para practicar Kite surf. Tras caminar a lo largo de la playa
durante 10 o 15 minutos, nos acercamos a una isla/roca enorme situada dentro
del mar, para que os hagáis una idea, es como una pequeña isla cerca de la orilla
que es mucho más alta que ancha y está básicamente es una roca enorme. Estas “islas”
se llaman Haystack, y al parecer se
encuentran a lo largo de toda la costa de Oregón. Tras pasear por la playa,
decidimos atravesar el pequeño pueblo para comprar unas chuches llamadas “Taffy de agua salada” que tienen textura
de chiclets pero son comestibles. Hay Taffys de muchos sabores distintos, así
que cogimos un par de los sabores que nos apetecían más, hasta que tuvimos unos
20 o 30 de ellos (he de decir que nos los comimos casi todos en una semana y
que me gustaría comprar más).
Después de comer en un restaurante del pueblo, cogemos el
coche y nos dirigimos a Manzanita, otro pequeño pueblo costero dónde pasaremos
la noche. Al poco rato de llegar a Manzanita, decidimos dar otro paseo por la
playa y disfrutar de la maravillosa sensación de estar a la playa. A la mañana
siguiente, al ver que está lloviendo, desayunamos y poco después nos dirigimos
hacia otro pueblo llamada Tillamook, que es famoso por su gran fábrica de queso,
yogurt y helados. Así que paramos a la fábrica, damos un pequeño paseo para
poder ver como preparan el queso, probamos unas muestras de queso y terminamos
el tour con un cucurucho de helado enorme. Después del helado nos esperan hora y media de coche, que aprovecho para
admirar el verde paisaje de Oregón.
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