Hace un par de semanas, me di cuenta que llevo más de un mes
en Estados Unidos y todavía no he encontrado nada que me permita estar en este
país por más de un mes. También me he dado cuenta que no conozco a casi nadie
en la ciudad y que ya va siendo hora de ponerme las pilas y hacer algo
productivo con mi tiempo en Portland.
Lo primero que se me ocurre es trabajar como voluntario en
algún evento. Tras unos días encuentro la oportunidad perfecta para trabajar
como voluntario y pasármelo bien. Se trata de una fiesta de la cerveza del
estado de Oregón, dónde compras un vaso de cristal y unos tickets para tomar
una muestra de la cerveza que te apetezca, lo que te cuesta 15$. Los que
trabajan como voluntarios deben prestar su servicio durante 4 horas y como
compensación reciben una camiseta de la fiesta, un vaso de cristal, 7 tickets
para probar las cervezas y un ticket para comer algo. Como podéis observar, el
hecho de trabajar gratis está bien incentivado. La fiesta en cuestión se
celebró el sábado anterior a la otra punta de la ciudad, por lo que para llegar
al lugar en transporte público iba a suponer un viajecito de hora y media. La
fiesta de la cerveza se organizó en un parque de atracciones, que para mi
desilusión no estaba en funcionamiento, y constaba de una carpa muy grande
dónde se encontraba la barra donde pedir las cervezas (que por cierto eran más
de 50 tipos diferentes), un escenario para los grupos de música y un montón de
mesas y bancos para disfrutar de la bebida, comida y buena música folk yanqui. Mi
función en este proyecto por algo más de dos horas fue colocar tickets de cerveza
dentro de los vasos, organizándolos en cajas de cartón, para así facilitar la
venta de vasos y tickets a los vendedores. La verdad es que fue algo aburrido,
pero durante un rato estuve trabajando con un par de chicos que fueron muy
simpáticos. Al terminar mi primer turno, tuve media hora para ir a comer algo,
probar un par de cervezas y dar un pequeño paseo afuera de la carpa. Después de
mi descanso volví a lo de los vasos durante media hora y luego me pusieron a la
venta directa de tickets, que fue mucho más entretenido. Al terminar mi turno
me obsequian con otro ticket para comer algo, así que me como un sándwich de
pechuga de pollo con champiñones y queso, para luego dirigirme a probar un par
de cervezas más. Tras una hora dando vueltas decido volver a casa, con la
satisfacción de haber hecho algo bueno y algo achispado.
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